jueves, 9 de octubre de 2008

El primer día de Economía Mundial

La primera clase de Economía Mundial me pilló por sorpresa, no porque no estuviera enterado de su programación en mi horario, sino más bien por la metodología empleada. Acostumbrado a la típica toma de contacto entre alumnos y profesores a la que se nos tiene acostumbrados, limitándose a la explicación del temario y el método de evaluación, en esta clase ni se habló de programa, ni se habló de métodos de evaluación. Por el contrario, la clase comenzó con una dinámica atípica del sistema universitario. Esta dinámica fomentó, por supuesto, un mayor conocimiento entre las personas que formamos los distintos grupos, pero también nos ayudo a reflexionar sobre los pros y contras que los alumn@s vemos de la universidad.

Respecto al debate sobre los “contras” de la facultad, me sorprendió que la mayoría de los estudiantes tuviéramos más o menos los mismos puntos de vista sobre lo que no nos gusta de ésta. Lo que no me sorprendió, fue que la mayoría de nuestra quejas ya hallan sido reivindicadas de forma masiva por grupos numerosos de estudiantes en los últimos años, y el único resultado ha sido la frustración y resignación, ante un decanato sordo. La respuesta del profesor a nuestra indignación es clara: tu sol@ no puedes, con amig@s si, es decir, un@ sol@ por si mism@ puede lograr poco, pero la “asociación” entre estudiantes será la única manera de transformar nuestra indignación en un verdadero cambio en la facultad.

También me sorprendió el método pedagógico encubierto en las dinámicas a las que ya he hecho referencia. El profesor habló de “horizontalidad” como forma de trabajo. Me parece que con eso busca que tanto estudiantes como él mismo nos situamos en un mismo plano a la hora de trabajar en clase, rompiendo con la figura típica de profesor – alumnos, directrices - subordinados, convirtiéndose en una especie de gurú o chaman que nos guíe en el aprendizaje colectivo. También utilizó las palabras “necesidad e indignación” como guía del aprendizaje, a lo cual yo añadiría la “curiosidad” como la brújula que nos marque el camino de nuestro aprendizaje.

En fin, creo que estamos hablando de una pedagogía del “pensamiento”, de aprender a pensar antes que aprender a memorizar teorías y formulas económicas. Hace poco leí un relato que refleja bastante bien de lo que estoy hablando. Lo copio a continuación.



extraído de http://www.nodo50.org/gustavo/hegoa05/pensar.html

aprender a pensar


Sir Ernest Rutherford, presidente de la Sociedad Real Británica y Premio Nobel de Química en 1908, contaba la siguiente anécdota:
Hace algún tiempo, recibí la llamada de un colega. Estaba a punto de poner un cero a un estudiante por la respuesta que había dado en un problema de física, pese a que este afirmaba con rotundidad que su respuesta era absolutamente acertada. Profesores y estudiantes acordaron pedir arbitraje de alguien imparcial y fui elegido yo.
Leí la pregunta del examen y decía: Demuestre como es posible determinar la altura de un edificio con la ayuda de un barómetro.
El estudiante había respondido: lleva el barómetro a la azotea del edificio y átale una cuerda muy larga. Descuélgalo hasta la base del edificio, marca y mide. La longitud de la cuerda es igual a la longitud del edificio.
Realmente, el estudiante había planteado un serio problema con la resolución del ejercicio, porque había respondido a la pregunta correcta y completamente.
Por otro lado, si se le concedía la máxima puntuación, podría alterar el promedio de su ano de estudios, obtener una nota mas alta y así certificar su alto nivel en física; pero la respuesta no confirmaba que el estudiante tuviera ese nivel.
Sugerí que se le diera al alumno otra oportunidad. Le concedí seis minutos para que me respondiera la misma pregunta pero esta vez con la advertencia de que en la respuesta debía demostrar sus conocimientos de física.
Habían pasado cinco minutos y el estudiante no había escrito nada. Le pregunte si deseaba marcharse, pero me contesto que tenia muchas respuestas al problema. Su dificultad era elegir la mejor de todas. Me excuse por interrumpirle y le rogué que continuara.
En el minuto que le quedaba escribió la siguiente respuesta: coge el barómetro y lánzalo al suelo desde la azotea del edificio, calcula el tiempo de caída con un cronometro. Después se aplica la formula altura = 0,5 por A por T2. Y así obtenemos la altura del edificio. En este punto le pregunte a mi colega si el estudiante se podía retirar. Le dio la nota mas alta.
Tras abandonar el despacho, me reencontré con el estudiante y le pedí que me contara sus otras respuestas a la pregunta. Bueno, respondió, hay muchas maneras, por ejemplo, coges el barómetro en un día soleado y mides la altura del barómetro y la longitud de su sombra. Si medimos a continuación la longitud de la sombra del edificio y aplicamos una simple proporción, obtendremos también la altura del edificio.
Perfecto, le dije, ??y de otra manera? Si, contesto, este es un procedimiento muy básico: para medir un edificio, pero también sirve. En este método, coges el barómetro y te sitúas en las escaleras del edificio en la planta baja. Según subes las escaleras, vas marcando la altura del barómetro y cuentas el numero de marcas hasta la azotea. Multiplicas al final la altura del barómetro por el numero de marcas que has hecho y ya tienes la altura. Este es un método muy directo.
Por supuesto, si lo que quiere es un procedimiento mas sofisticado, puede atar el barómetro a una cuerda y moverlo como si fuera un péndulo. Si calculamos que cuando el barómetro esta a la altura de la azotea la gravedad es cero y si tenemos en cuenta la medida de la aceleración de la gravedad al descender el barómetro en trayectoria circular al pasar por la perpendicular del edificio, de la diferencia de estos valores, y aplicando una sencilla formula trigonométrica, podríamos calcular, sin duda, la altura del edificio.
En este mismo estilo de sistema, atas el barómetro a una cuerda y lo descuelgas desde la azotea a la calle. Usándolo como un péndulo puedes calcular la altura midiendo su periodo de precesión. En fin, concluyo, existen otras muchas maneras. Probablemente, la mejor sea coger el barómetro y golpear con el la puerta de la casa del conserje. Cuando abra, decirle: señor conserje, aquí tengo un bonito barómetro. Si usted me dice la altura de este edificio, se lo regalo. En este momento de la conversación, le pregunte si no conocía la respuesta convencional al problema (la diferencia de presión marcada por un barómetro en dos lugares diferentes nos proporciona la diferencia de altura entre ambos lugares) evidentemente, dijo que la conocía, pero que durante sus estudios, sus profesores habían intentado enseñarle a pensar.
El estudiante se llamaba Niels Bohr, físico danés, premio Nobel de Física en 1922, mas conocido por ser el primero en proponer el modelo de átomo con protones y neutrones y los electrones que lo rodeaban. Fue fundamentalmente un innovador de la teoría cuántica. Al margen del personaje, lo divertido y curioso de la anécdota, lo esencial de esta historia es que LE HABÍAN ENSEÑADO A PENSAR.
...esperamos que les haya gustado. Por cierto, para los escépticos, esta historia es absolutamente verídica.


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1 comentario:

Roberto Carballo dijo...

Bienvenido al mundo de la innovación y de las memorias de aprendizajes. Espero que tengamos oportunidad de compartir experiencias y conocimientos. Un abrazo, Roberto Carballo